Ayer, domingo 1 de febrero, nuestra parroquia vivió con alegría y espíritu de fe la celebración de la Candelaria, una tradición profundamente arraigada en la vida de la Iglesia que nos invita a contemplar a Cristo como luz del mundo.
La jornada comenzó a las 12:00 horas, cuando los fieles nos reunimos en el monumento a la Inmaculada, situado en la plaza Risueño, al final de la calle de la Caridad. Allí se procedió al reparto y bendición de las candelas, símbolo de la luz de Cristo que ilumina nuestra vida y nuestro caminar como cristianos.
Tras la bendición, dio comienzo la procesión hacia la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, acompañados por el canto y la oración, en un ambiente de recogimiento y comunión entre todos los participantes.
Ya en la basílica, se celebró la Eucaristía, centro de nuestra fe, en la que tuvo lugar la presentación de los niños y sus familias, un momento especialmente emotivo en el que se puso de manifiesto la importancia de educar a los más pequeños en la fe y confiar sus vidas a la protección de la Virgen de la Caridad, nuestra patrona.
Damos gracias a Dios por esta celebración tan significativa y por la participación de todos los fieles, que una vez más hicieron visible una Iglesia viva, unida y caminando a la luz de Cristo.


